A veces se trata de encontrar felicidad, donde parecía no haber nada.
Lograste ser una sombra larga y sumisa al principio. Olvidé recordarte.
Había vivido un viaje de más de cincuenta y dos días cuando decidiste hacer aparecerme en tu departamento.
Iba rendida, indiferente, sabiendo que el aburrimiento me encontraría.
Eramos cuatro, terminamos siendo dos.
Supe que no quería ser tu amiga.
Sabías que querías besarme.
Nos lo negamos.
Quise que pasen los días. Quisiste rendirte.
Un día sin pensarlo dos veces te llamé.
Asumimos que era momento de dejar de esperar.
Y ahí me encuentro, mirándome al espejo mientras me peino.
Te espero convencida de que todo puede salir mal.
Y todo sale bien.
Dos besos de despedida.
Y hasta luego.