Es verdad, veo mal.
De lejos, en realidad.
Entonces quizás por eso, desarrollé la capacidad de captar el movimiento de las personas, cómo caminan, el danzar del pelo, para reconocerlas.
Ahí fue, estación Saenz Peña, te vi.
Mi corazón se aceleró y ya no sabía a donde estaba yendo.
Trague fuerte, como si me costara.
Inhalé, y exhalé, como si estuviera en el médico.
Qué complicado era estar a metros de tenerte cerca.
Volví a mirar.
Y no eras vos.
Lo supe por tu caminar tan particular.
Sonreí, cerré los ojos, y volví a donde estaba yendo.
De nuevo, sin vos.
Creo que me gusta así.