Estaba rota. Estaba sangrando. Estaba perdida.
Y no me salvaste.
Me tomo mi tiempo para ser lo que puedo ser.
Salió el sol, se fueron las nubes, cayeron las hojas.
No me salvaste y tampoco supe salvarme yo misma. Porque necesité estar hundida. Necesité sentir cada golpe.
El frío al principio me paralizó; para encontrarme débil, desprevenida, y lastimarme.
Pareció mentira cuando poco a poco hallé flores de colores.
Y las flores no sos vos, y las flores no son ellas. Las flores soy yo.
Me espero, y me dejo ser.