Palabras que hieren.
Silencios tan ruidosos.
Y suspiros, que alivian.
No puedo evitar que duela.
No puedo pretender que no sé, que no me importa, que no me siento cerca.
No hay que fingir que es sencillo.
A veces.
Solo a veces, tiene que quemar en la piel, en el estómago, y rompernos la cabeza.

