Ya desde la esquina empieza la sensación de nervios en la panza.
(No entiendo el sentido. Esa vereda es solo una vereda. Esa casa es solo una casa. Esa escalera lleva a una habitación, como en cualquier casa. Poco amueblada, de paredes bordó, ventana que deja pasar la luz de el atardecer, despertador de la noche, horas e inocencia abandonadas en esa habitación. Cualquiera diría que es solo una habitación. Pero en la película de mi vida, uno más uno, es miles).