Ella traga fuerte, como si costara. Ve sus manos sobre el teclado, seria; y mira la pantalla mientras escribe. Sabe que podría hallar justo lo que no quiere. Podría abrirse a su propio llanto, a la realidad.
Y nada nuevo sucede. Es lo de siempre.
Ella lo prefiere. Marcharse sabiendo la realidad, directo a su habitación; santuario de emociones sinceras.
Ella tiene secretos. Por siempre presentes, y ausentes.