Si ustedes lo permiten, señores,
prefiero seguir viviendo.
Es cierto que quise imposibles; enamorado de cosas de otro mundo, con inconsciencia y dolor y miedo y apremio.
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve fantasías espantosas y buenos amores, ligeros y culpables.
Mis errores no han sido olvidados, definitivamente.
Mi memoria no ha muerto, y se queja, varada en sueños y viejos sentires.
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme, pero ¿lo he derrotado?, ¿para siempre?
Sé que futuro y memoria se vengarán algún día.
Quizás los espero.