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lunes, 16 de julio de 2012

Vivir.


Cuando la muerte llega tan inesperadamente, nos deja mucho que pensar.

 Que hayas tenido casi mi edad, 
la alegría de mil payasos, 
el atrevimiento de torpemente enfrentarte al mundo tal cual sos, 
me hace darme cuenta de que no hay que frenar.

Soy callada y pensativa, no lo voy a dejar de ser.
Pero también soy ruidosa e impulsiva. Lo tengo que mostrar.

No sabemos cuanto tiempo nos queda.
Es erroneo relacionar a la vejez con la muerte.
 A cualquiera, en cualquier momento, le puede llegar.

Yo solo sé, que no quiero sufrir.

A veces son otras situaciones las que nos llevan al abismo.
Y es cansador pensar que vamos a morir del dolor.
Porque al final, pensando y pensando, un día enloquecemos, y caemos.

Mejor disfrutar del tiempo, que puede ser nuestro mayor enemigo, y nuestro mejor compañero.
Mejor salir a mojarse los pies en la lluvia.
Mejor bailar sin pensar en el sol, o en la luna.
Mejor dejar de pensar un poco, y vivir.