Amo tus intentos, aun más que a tus logros.
Puedo sonreír ahora mismo, sentada sola, en silencio, recordando tus esfuerzos por algo más.
Porque cuando lo hiciste con seguridad, te falta ese encanto que enamora.
Porque tu sonrisa tímida es razón de mi sonrisa, y tu soberbia y confianza, ya no.
Es un momento en el que queda poco de qué tener miedo; yo te conozco, como nunca creí poder conocerte.
Me conocés, de maneras que no imagino.
Y esa magia de la vergüenza, del no saber, del descubrir, es un privilegio, un gusto que se nos da poco.